Reconoce al mero abadejo

Pez de la familia de los serránidos, que presenta una morfología parecida a la del mero, esto es, cuerpo más o menos ovalado, recio (aunque un poco más delgado quizá que el mero), coronado por una aleta dorsal larga, cuya primera mitad es bastante ponzoñosa (con 11 radios espinosos y 14 – 16 estructurales). La aleta anal posee 3 espinas, a las que siguen 10-12 radios blandos. La aleta caudal tiene un perfil más o menos recto, al contrario que el mero, que la tiene más bien redondeada. La cabeza presenta una boca fuerte, con mandíbulas bien desarrolladas, destacando la inferior, que llega incluso a sobresalir un poco por delante de la superior. La coloración puede variar bastante, pero la más típica es la que presenta un fondo oscuro achocolatado bastante uniforme decorado por manchas de color blanquecino a modo de lunares repartidos por todo el cuerpo, aunque puede aparecer justamente lo contrario, manchas oscuras sobre blanco o un amarillo intenso. No es un pez que alcance gran tamaño, siendo unos tres kilos de peso el máximo registrado en la web “fishbase.org”, y lo cierto es que suele ser mucho menor. Los ejemplares más jóvenes son hembras, sufriendo una inversión sexual a partir de unos cuarenta centímetros aproximadamente, cuando los individuos se van transformando en machos paulatinamente, de manera que el sex ratio suele decantarse hacia las hembras, bastante más abundantes que los machos por cuestión de supervivencia. La madurez sexual se da entre los 33 y los 41 centímetros de longitud.

Donde pescar el mero abadejo


El abadejo es una especie que habita las aguas costeras de las islas del centro del Atlántico Oriental, localizándose en Cabo Verde, las Islas Canarias y las Azores, no localizándose en aguas de la Península Ibérica, ni tan siquiera de las costas africanas, donde es sustituido por una especie de gran parecido. Se suele encontrar en ambientes rocosos abruptos, fundamentalmente desde la franja más litoral hasta los cuarenta metros de profundidad aproximadamente.

Cebos para el mero abadejo





Nos encontramos ante un serránido y, como tal, es un glotón depredador capaz de engullir por sorpresa a cualquier animal que quepa en su desarrollada boca, sea crustáceo, molusco cefalópodo o pez, que atrapa en cortos ataques fulminantes al acecho entre las rocas. Su carácter depredador hace que sea presa de señuelos artificiales, aunque también se capture esporádicamente a surfcasting con cebo muerto.

Curiosidades de su pesca






Existen ejemplares de abadejo de un color amarillo muy vistoso, que en Canarias suelen recibir el nombre de “abade capitán”. Aún no se conoce el motivo por el que sólo unos pocos ejemplares adquieren esta bella y exótica tonalidad, que parece ser que tan pronto como aparece (progresivamente) puede palidecer para volver a la original. Existe la creencia popular de que estos ejemplares son los que guían al grupo (este pez puede aparecer sólo o en pequeños bancos), de ahí el sobrenombre de “abade capitán”, pero no parece ser cierto.

Pesca del abadejo desde costa






La pesca de este aprendiz de mero se realiza fundamentalmente de dos formas, cualquiera de ellas usando señuelos artificiales. Desde costa, es el spinning la modalidad empleada, con peces artificiales manejados a twiching, con vinilos arrastrados cerca de las rocas o a jig casting, con jigs metálicos de hasta 60 gramos de peso, para alcanzar los desniveles más hondos.

Pesca del abadejo desde embarcación

En barca es el Jigging la modalidad reina, sin lugar a dudas, aunque el señuelo a emplear debe ser relativamente discreto (de unos 60 gramos, por ejemplo), y las profundidades a batir deben ser someras, sobre los 20 – 30 metros, muy cercanas a la costa para unas islas que pronto alcanzan profundidades de vértigo. Por otro lado, aunque menos practicado, también puede emplearse el curricán de fondo, con peces artificiales que deben nadar sumamente lento y hondos, con ayuda de líneas lastradas o profundizadores.




Es una especie sumamente vulnerable a la pesca deportiva y submarina indiscriminada, como sucede con todos los serránidos de medio y gran porte de nuestras aguas, ya que es muy apreciado gastronómicamente, y su capacidad de reproducción es bastante baja. En reservas marinas y en las islas en las que hay poca presión de pesca, sigue siendo una especie muy común. En la isla de Gran Canaria, por ejemplo, el total de capturas de esta especie ha disminuido, aproximadamente, en los últimos cincuenta años, un noventa y cinco por ciento, de manera que sus poblaciones podrían estar en colapso sin que nadie hiciera nada al respecto. Se ha descrito una longevidad de unos treinta años.



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